viernes, 12 de septiembre de 2014

Imperfección divina

En la industria de la moda todo se trata de la imagen. A diario vemos modelos retocadas, ya sea para ocultar esas imperfecciones que todos tenemos, o al extremo de quedar como seres irreconocibles. En esto último no concuerdo ya que esta distorsión le hace daño a la sociedad, en especial a las chicas más jóvenes. Pero cuando el retoque es menor, lo justifico ya que se busca un resultado impecable para destacar bien un maquillaje, un peinado o una prenda.

Aunque los medios nos hagan creer lo contrario, nadie despierta reluciente; todas tenemos ojeras, granos o manchas en la cara. ¿Y saben qué? Eso me gusta porque es parte de ser humanos. El maquillaje es parte del juego de la belleza y es así como hay que tomárselo. Hay quienes usan del maquillaje “social” para animarse en un día bajoneado; otros que ocultan alguna cicatriz o marca que es difícil de asimilar; están las que quieren variar la rutina en una celebración y quienes lo necesitan porque su imagen pública en ciertas ocasiones así lo requiere.

En #ThePom hago el ejercicio de tomar una foto antes y después para luego contrastarlas. Esto lo hice en principio por dos motivos: 1. Para notar fácilmente la diferencia que hace mi trabajo, 2. Reforzar la marca The Power of Makeup. Y en ese proceso, me di cuenta de algo: hasta ahora ninguna chica ha posado incómoda en el “antes”, se aceptan y se quieren tal cual son, hermosas. Eso para mí es felicidad máxima.


Me gusta la moda porque como buena diseñadora amo la estética, las texturas, las paletas de colores, las estructuras y las cosas bien terminadas. Pero en términos conceptuales, una tendencia que rescato es la que la que aterriza a las celebridades como cualquier persona, con modelos que se muestran tal cual son, -hasta con gripe como Cara Delevingne en su instagram- o como los valores que promueve Lady Gaga a través de su fundación Born this Way asociada con Harvard.


Al asomar la nariz en este mundo por primera vez desde la otra vereda, siento la necesidad de reforzar este mensaje. Podemos tomar elementos del imaginario mediático y hacerlas parte de nuestro diario vivir ¿por qué no? Juguemos, pasémoslo bien, atrevámonos a probar cosas nuevas, pero no nos traguemos la ilusión de lo perfecto. Nuestra imperfección es divina, mintámonos menos y querámonos más.

jueves, 11 de septiembre de 2014

Antes y después

A los 16 casi no me maquillaba, salvo para una que otra fiesta, y no tenía idea de cuidados de la piel. Y claro, dedicada al deporte gran parte del tiempo no había mucho espacio para ello. Quince años más tarde fui mamá y todo se removió (oh novedad): los desvelos, el cambio físico y la “cara de popín” permanente hicieron que me interesara en el tema luego del post natal. Animarse a dejar al pequeño en casa, salir a conquistar nuevos proyectos y llevar una oficina necesitaba de un cheer up por las mañanas.

Pero no fue sino hasta mi matrimonio que empecé a instruirme y darme cuenta que me entretenía, tanto como cuando diseñaba tipos o ilustraba. Gracias a internet aprender lo que sea está a un click y solo es cuestión de tener ganas. Con el background de diseño, decidí invertir en materiales y practicar, practicar… solo por el hecho de pasarlo bien.

Cada vez que maquillaba a alguien, esa persona quedaba contenta, se relajaba en el proceso y yo lo pasaba chancho. Han pasado dos años, dos hijos, hasta que finalmente me animé a empezar una nueva ruta de estudio y práctica, paralela a mi trabajo oficial como Directora de Arte y socia de una consultora en Branding.

Hoy el maquillaje tiene que ver con una forma de expresión, pero también con jugar y empoderarse. Esta soy yo a los 35, reinventándome, buscando compatibilizar lo que me gusta con la maternidad y el trabajo. Este es mi antes y después, al menos por ahora… ¿Cuál es el tuyo?